Si alguna vez quieres saber quién fuí

.



Si has llegado hasta aquí cuando yo ya no estoy, o simplemente quieres conocer a la persona que hay detrás de estas páginas, déjame contarte algo de mí.
No esperes una biografía perfecta. La memoria nunca recuerda exactamente lo que ocurrió, sino lo que dejó huella.

Esto no es un currículum ni una lista de logros. Es, simplemente, la forma en que recuerdo mi vida.

Nací en una familia marcada por las separaciones. Antes de cumplir trece años había vivido en distintos países, cambiado de idioma varias veces y aprendido que empezar de nuevo podía convertirse en una forma de vida.

Aquellos cambios me hicieron reservado. Durante mucho tiempo tuve miedo a equivocarme y a no encajar. Con los años comprendí que aquellas inseguridades también me habían enseñado a adaptarme, a escuchar y a mirar el mundo desde más de una perspectiva.

Cuando tenía casi quince años conocí a Cristina. Ella fue el gran acontecimiento de mi vida. Compartimos medio siglo de caminos, decisiones, dificultades y alegrías. Si alguna vez encuentras serenidad en lo que escribo, debes saber que gran parte de ella nació a su lado. Ella me enseñó que la confianza no se exige; se construye cada día.

Mi vida estuvo llena de comienzos. Viví en distintos lugares, estudié cuando muchos ya habían dejado de hacerlo, trabajé en profesiones que jamás imaginé y aprendí que ningún esfuerzo garantiza el éxito, pero que rendirse sí garantiza el fracaso.

Hubo momentos de incertidumbre, de empezar desde cero, de enviar currículums sin respuesta y de preguntarme si había elegido el camino correcto.

Mirando atrás, entiendo que cada uno de aquellos pasos me llevó exactamente donde necesitaba estar.

Después llegó la prueba más difícil. La enfermedad de Cristina cambió nuestra vida para siempre. Durante años busqué respuestas, tratamientos y esperanza.

Cuando finalmente se fue, descubrí que el amor no desaparece con la ausencia.

Cambia de forma, pero permanece. Muchas de las páginas que escribí desde entonces nacieron del intento de comprender esa realidad.

Siempre sentí curiosidad por entender cómo funciona el mundo. Primero fue la tecnología. Después Internet, cuando apenas comenzaba.

Más tarde la inteligencia artificial, la conciencia, el universo y las preguntas que la ciencia todavía no puede responder. Nunca me interesó la tecnología por sí misma.

Me interesaba porque detrás de cada avance siempre veía a las personas que tendrían que aprender a convivir con él.

Escribí porque necesitaba ordenar mis pensamientos, pero también porque deseaba dejar algo útil a quienes vinieran después.

Nunca pretendí tener todas las respuestas. De hecho, cuanto más aprendía, más consciente era de todo lo que desconocía. Si mis libros tienen algún valor, quizá sea precisamente ese: invitar a pensar sin imponer una conclusión.

Si hubiera que resumir mi vida en pocas palabras, diría que intenté hacer tres cosas lo mejor que pude: aprender, querer y compartir. No siempre lo conseguí. Me equivoqué muchas veces. Cambié de opinión otras tantas. Pero procuré no perder nunca la curiosidad ni la capacidad de escuchar.

Si alguna enseñanza puedo dejarte, es esta: no permitas que el miedo decida por ti. Las personas cambian. La tecnología cambia. El mundo cambia. Lo único que permanece es la manera en que tratamos a quienes caminan a nuestro lado.

Y si alguna vez, al cerrar estas páginas, sientes que durante unos minutos no has estado leyendo a un autor, sino conversando con una persona, entonces habré conseguido exactamente lo que buscaba.
Porque la tecnología transforma el mundo. La humanidad es quien le da sentido.

Tommy Dean Story

Scroll al inicio