La conversación imposible

La conversación imposible

A veces me pregunto qué ocurriría si pudiera sentarme unos minutos frente al hombre que fui hace treinta años.

No para cambiar su vida.

Solo para hablar.

Imagino su mirada. La ilusión que tenía. Las dudas que todavía no sabía que eran dudas. Los sueños que aún parecían infinitos.

Y entonces me hago la pregunta inevitable.

¿Qué le diría?

Lo fácil sería advertirle de los errores.

Le hablaría de las personas que debería cuidar un poco más. De las oportunidades que dejará escapar. De las veces que confundirá el éxito con la felicidad. Incluso intentaría evitarle algunos de los momentos más duros que todavía le esperan.

Pero, cuanto más lo pienso, más me doy cuenta de que quizá no serviría de mucho.

Porque… ¿me creería?

Cuando somos jóvenes solemos pensar que la experiencia de los demás nunca será exactamente la nuestra.

Y, en cierto modo, tenemos razón.

La experiencia no puede contarse.

Tiene que vivirse.

Podría decirle que abrace más fuerte a quienes ama.

Que el tiempo pasa mucho más deprisa de lo que imagina.

Que cuide su salud.

Que no tenga tanto miedo al futuro.

Que el dinero ayuda, pero nunca llena los vacíos importantes.

Que un día descubrirá que el mayor patrimonio de una persona son los recuerdos que construye y las personas con las que los comparte.

Pero esas palabras solo cobrarían sentido después de recorrer el mismo camino.

Entonces aparece otra pregunta que siempre me ha acompañado.

¿Qué sería de nosotros si conociéramos nuestro destino desde el principio?

Quizá creeríamos que viviríamos mejor.

Yo ya no estoy tan seguro.

Si supiéramos el día en que perderemos a alguien, viviríamos esperando ese momento.

Si conociéramos todos nuestros fracasos, tal vez dejaríamos de intentarlo.

Y si supiéramos todos nuestros éxitos, quizá perderíamos la ilusión por conquistarlos.

Empiezo a pensar que la incertidumbre no es un error del universo.

Es parte de su diseño.

Es lo que nos obliga a decidir, a equivocarnos, a levantarnos y a convertirnos, poco a poco, en alguien distinto del que éramos ayer.

Hoy ya no cambiaría mi pasado.

Ni siquiera aquellos capítulos que más dolor me produjeron.

Porque el hombre que soy existe gracias al joven que tantas veces se equivocó.

Sin aquellos errores, sin aquellas pérdidas, sin aquellas decisiones difíciles… probablemente hoy sería otra persona.

Y no sé si una persona mejor.

Quizá, si ese encuentro fuera posible, no intentaría darle grandes consejos.

Ni cambiar su destino.

Simplemente me acercaría.

Le estrecharía la mano.

Sonreiría.

Y antes de marcharme le diría algo muy sencillo.

No tengas prisa por entender la vida. Vívela. Algún día descubrirás que incluso aquello que hoy te parece injusto terminará formando parte de quien llegarás a ser.

Porque, al final, la vida no consiste en llegar antes.

Consiste en llegar siendo uno mismo.

Tommy Dean Story

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6 comentarios en “La conversación imposible”

  1. Mario Casanova llana

    Tomás, estoy totalmente de acuerdo, aunque el tiempo te da más sabiduría, ver las cosas con más tranquilidad los errores y los aciertos son parte de esta vida porque la perfección no existe somos humanos y si supiéramos el futuro ya te digo yo que hubiéramos sido distintos el ser humano es egoísta por naturaleza
    Un abrazo cuñado

  2. Muy buena reflexión,yo también preferiría un destino incierto,no querría saberlo,dejaría que todo fluyera,acompañado también,de mis actos y decisiones, que tomará en cada momento y situación.
    Lo que sí que haría y hago, es abrazar y decir más te quiero,exponiendo más mis sentimientos,a las personas que más quiero.
    Tú también entras en ese circulo de las personas,más importantes y queridas en mi vida.
    Te Quiero mucho❤️

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